Esperamos y esperamos, no nos atrevemos…No se por qué recuerdo el juego aquél del salto a la soga. Mientras la soga daba vueltas, una y otra vez, nosotros hacíamos el ademán de entrar a saltar, una y otra vez, esperando la mejor ocasión, aquella en que hubiéramos coordinado de mejor manera la velocidad, con el ritmo, con la altura y la distancia, para entrar saltando y saltando, disfrutando y riendo sin parar, hasta el final. ¡Qué lindo sentir que encajamos! ¡Qué entramos! ¡Que armonizamos! ¡Que disfrutamos!
Pero la vida no es un juego y muchas veces tenemos que entrar fuera de tiempo, o antes de tiempo. Sin medir, sin meditar, sin esperar…Aunque recibamos azotes, tenemos que entrar. Aunque se burlen y desentonemos, tenemos que entrar. Aunque tropecemos y enredemos todo, tenemos que entrar. Aunque terminemos con el juego, tenemos que entrar.
La vida no es un juego y no te puedes quedar esperando hasta armonizar, porque entonces quizás será demasiado tarde, el juego habrá terminado. Las uvas serán pasas y el mejor vino se habrá convertido en vinagre.
No te quedes, no te guardes. No retrocedas, no te asustes; no temas enlodarte. La vida es para el que osa, para el que trata, para el que se atreve, para el que se arriesga.
¡No te guardes!
domingo, 2 de diciembre de 2007
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