miércoles, 15 de agosto de 2007

Como duele el corazón

Qué difícil se me hace la vida sin ti…Eres imposible, inalcanzable. Debo dejarte pasar y verte de lejos con disimulo, no sea que te des cuenta y entonces no sé qué haría. Lo he soñado mil veces. Atraparte entre mis brazos y darte un solo e interminable beso, en el que te entregara mi alma, recibiendo a cambio tu embriagador aliento.

Sé que no ocurrirá. No puede ser. Sin embargo lo he soñado mil veces y lo he recordado al verte pasar. Caminas envuelta en nubes, reduciéndolo todo a nada…vas por el aire, iluminando y perfumándolo todo. El mundo sonríe, se alegra. Los ladrillos, la vereda, las piedras se estremecen. El sol brilla más, y la hierba se enciende de un verde infinito, el día es más luminoso y la vida es una sinfonía. ¡Qué fresca! ¡Qué tierna! ¡Qué lozana! ¡Qué armonía hay entre tú y la Creación toda! Me recuerdas a mi Dios, por quien he debido renunciar a ti.

¡Qué amor tan desesperado anida aquí en mi pecho, salta por mis venas, y me arranca los ojos, por acompañarte aunque sólo sea con mi mente! ¡Allá voy contigo! ¡Aquí…! Aquí no queda nada.

Mario Benedetti – Martin Santome